ViaLibre5

à la rencontre d'univers

en liberté

Editorial del n° 0, por Cesare Battisti
Octubre 2001

En el principio, creamos un sitio de autor de lo más inofensivo: novelas, un poquito de ficción, nada grave... La fábula nunca ha hecho daño a nadie, y a veces incluso divierte. Me gusta empezar con las tonterías, me da valor para continuar.

Luego... ya me imaginaba lo que iba a pasar. Bastaba con poner cara de paisaje, como diciendo: «No os preocupéis, sólo estoy de paso. Os ofrezco esta paginita, una puerta abierta, una Vía libre, pasad si queréis...»

Me recuerda otra experiencia similar, pero a la vez diferente de ésta. Sucedió hace mucho tiempo, y encima en México!

En esa época ni siquiera  existía la Red, nos reuníamos con los amigos en la calle. Había polis por todas partes, y si pasaba algo los periódicos siempre nos echaban la culpa a nosotros. A pesar de que nos habíamos acostumbrado, la cosa no nos hacia ninguna puñetera gracia. Así que un día nos hartamos y dijimos ¡Basta!. Así fue como nació Vía Libre, una revista cultural, que dicen.

Al principio no nos lo tomábamos muy en serio, y para no romper con la rutina comenzamos con una idea delirante: «Convocamos a todos los asociales cabreados para que escriban con sus manos sucias algunas palabras en el libro de su propia historia*».

El resultado era de esperar, un desastre: una horda salvaje, nos arrancó el papel de la máquina de escribir y, en un tristrás, lo utilizó para incendiar la pradera. Tengo que confesar que se trataba de papel reciclado y que, por consecuencia, ardía de puta madre...

No es como ahora, que las autoridades prefieren domesticarnos a balazo limpio. Por aquel entonces era la edad de la cachiporra, y si se les escapaba una bala decían que se les había perdido. Por supuesto, nos dejaban decir todo lo que quisiéramos, pero, eso sí, teníamos que hacerlo con educación. Desgraciadamente, Vía Libre no era la educación personificada.

Y, tras provocar a las malas lenguas, tuvo la cara dura, o si preferís, la prudencia de esfumarse. Muchas fueron las razones que nos llevaron a tomar esa «decisión». Sobra decir que todas ellas eran muy serias, pero ninguna lo suficientemente persuasiva como para obligarnos a pasar la página definitivamente.

Sin nosotros, tras abandonar la cerca del papel impreso, el espíritu Vía Libre sigue errando en la sombra planetaria. A veces, como quien no quiere la cosa, sale a la superficie en un festival del libro en Francia, en un concierto del lado de la frontera «gringa» o, incluso, bajo un pasamontañas negro para protegerse de los mosquitos del Chiapas.

¡Los tiempos cambian una barbaridad! ¡Táctica, estrategia, simulacro! Hoy en día los mosquitos van que se las pelan, de un G8 a otro, aumentando de tamaño a medida que nos parasitan.

Y ahora un sitio de autor, ¡se van a tronchar de risa!... Pero, ¿qué estaba diciendo? Ah, sí, hablábamos de delirio...

Vía Libre era, a su modo, un lugar de reunión, de debate cultural y de lucha, ya que la verdadera cultura no se puede separar del cuerpo social y de sus reivindicaciones. Y si hoy, por puro delirio, fuera necesario rehacer algo por el estilo, le pondría el mismo nombre. No cambiaría nada, sólo le añadiría un detalle: cada nùmero escribiría el que tuviera ganas de decir algo, de protestar, de exponer, de revelarse, enriqueciendo así el debate con su propio universo en libertad.

De eso trata la Vía Libre que hoy lanzamos a los dédalos de la Red. Y que se haga el verbo para quien desee expresarse...


* enlace con un editorial original de Via Libre (1987)