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ViaLibre5 à la rencontre d'univers en liberté |
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Editorial del n°
0, por Cesare Battisti |
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En el
principio, creamos un sitio de autor de lo más inofensivo: novelas,
un poquito de ficción, nada grave... La fábula nunca ha hecho daño a
nadie, y a veces incluso divierte. Me gusta empezar con las tonterías,
me da valor para continuar. |
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Al principio no nos lo tomábamos muy en serio, y para no romper con la rutina comenzamos con una idea delirante: «Convocamos a todos los asociales cabreados para que escriban con sus manos sucias algunas palabras en el libro de su propia historia*». |
El resultado era de esperar, un desastre: una horda salvaje, nos arrancó el papel de la máquina de escribir y, en un tristrás, lo utilizó para incendiar la pradera. Tengo que confesar que se trataba de papel reciclado y que, por consecuencia, ardía de puta madre... |
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No es como ahora, que las autoridades prefieren domesticarnos a balazo limpio. Por aquel entonces era la edad de la cachiporra, y si se les escapaba una bala decían que se les había perdido. Por supuesto, nos dejaban decir todo lo que quisiéramos, pero, eso sí, teníamos que hacerlo con educación. Desgraciadamente, Vía Libre no era la educación personificada. |
Y, tras provocar a las malas lenguas, tuvo la cara dura, o si preferís, la prudencia de esfumarse. Muchas fueron las razones que nos llevaron a tomar esa «decisión». Sobra decir que todas ellas eran muy serias, pero ninguna lo suficientemente persuasiva como para obligarnos a pasar la página definitivamente. |
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Sin nosotros, tras abandonar la cerca
del papel impreso, el espíritu Vía Libre sigue errando en la
sombra planetaria. A veces, como quien no quiere la cosa, sale a la
superficie en un festival del libro en Francia, en un concierto del lado
de la frontera «gringa» o, incluso, bajo un pasamontañas negro
para protegerse de los mosquitos del Chiapas. |
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Vía
Libre era, a su modo, un lugar de reunión, de debate cultural
y de lucha, ya que la verdadera cultura no se puede separar del
cuerpo social y de sus reivindicaciones. Y si hoy, por puro delirio,
fuera necesario rehacer algo por el estilo, le pondría el mismo nombre.
No cambiaría nada, sólo le añadiría un detalle: cada nùmero
escribiría el que tuviera ganas de decir algo, de protestar, de exponer,
de revelarse, enriqueciendo así el debate con su propio universo en
libertad. |